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Los narcos mexicanos son
¿terroristas?
Por Marco Tulio Culebro B.
Especial para la página
www.elahuizote.info
México, 29 jul.- Este martes 28 de julio el llamado “Zar”
anti-drogas de Estados Unidos, Gil Kerlikowske, calificó en forma desafortunada
a los narcotraficantes mexicanos, además de criminales, como “terroristas”,
declaración que no puede considerarse un “resbalón semántico” en la voz de un
funcionario estadounidense cuyo trabajo es el de presionar a México –entre otras
funciones-. Duro epíteto en un momento en el que se discuten los términos y
dineros del cuestionado Plan o Iniciativa Mérida.
Si bien es de gravedad y preocupante la violencia que
ejerce el crimen organizado de los cárteles mexicanos de la droga, quizá resulta
peor adoptar sin sonrojo un calificativo que ha permitido a Estados Unidos
lanzar guerras absurdas “preventivas” aludiendo razones falsas contra países
donde supuestamente hubo, habría o había “terroristas”.
El asunto toca el meollo de la “guerra antidroga” que sin
declaración previa lleva a cabo el presidente Felipe Calderón Hinojosa contra
las fuerzas irregulares del narcotráfico como eje político esencial de su
“administración” –que incluso fue un tópico manejado con fines electorales y de
forma abierta por su Partido Acción Nacional en las elecciones intermedias de
este 2009 (por cierto, descalificado por el electorado)-y ahora viene este señor
Kerlikowske “a tirarle línea” al gobierno mexicano para que de un giro
“terrorístico” a la lucha antinarco”.
Preocupa porque precisamente el mismo día se anuncia una
tarjeta de identidad nacional que incluye características biológicas que no
existen en país alguno, ni serían aprobadas en parte alguna sin denunciar la
flagrante discriminación y violación a las garantías constitucionales y al
derecho a la vida privada que representa el documentito.
Pero Calderón Hinojosa sigue paso a paso el dictado
imperial sin entenderlo, y –de aprobarse- aceptaríamos una situación en la que:
“sí se es mexicano, se es delincuente”. Y siguiendo el guión, si se desea la
ayuda del plan Mérida, ese delincuente debe ser además (calificado de forma
ideológica como) “terrorista” y clasificado -además- con tecnología biométrica.
No podemos admitir la mezcla de una categoría política
(como es “terrorista”) con otras de índole judicial, (como son delincuente o
narcotraficante) que justificaría de manera automática la discriminación, pero
también cualquier intervención militar directa del vecino norteño, a causa de
las medidas establecidas en el acta Patriot, -por desgracia- todavía
vigente, donde se establece brincarse todas las leyes y razones de la tierra
para decidir “acciones” contra “el terrorismo”.
Afortunadamente el Congreso mexicano rechazó de inmediato
la aplicación de esta especie de super-visa interna o Cédula de identidad
biométrica, (que entre otras cosas es cara a decir del senador Alfredo Ríos-
PRI) y que además puede servir a las intentonas dictatoriales de limitar el
derecho al libre tránsito por el país de los ciudadanos, especialmente de los
opositores políticos.
No se trata de una concesión de lenguaje para el nostálgico
sector bushista que firma los cheques del Plan Mérida y que está metido en el
jugoso rubro de la seguridad con ganancias millonarias, sino de un grave inciso
que revela el verdadero objetivo de ese Plan que presiona a México para
contratar mercenarios (“especialistas”) y que aporta un ladrillo más a la
construcción de un Estado policiaco donde el ciudadano vale muy poco o nada.
¡Qué mejores expertos del “anti-terrorismo” puede haber
para México que los soldados de fortuna de la empresa Halliburton!, diría
Kerlikowske.
¡Qué mejor oportunidad de negocios en contratos de
seguridad, precisamente cuando las tropas de EEUU han tenido que salir de Irak
tan vergonzosamente!
Cabe comentar aquí entonces la retirada de Irak concretada
este 30 de junio, donde EEUU procura disfrazar en alguna forma su derrota
política, económica, moral y militar por el repudio a su guerra de parte de todo
el conglomerado social iraquí y del mundo entero.
Una guerra absurda desatada contra un pueblo árabe cuyo
único delito es tener petróleo por la cual Estados Unidos se fue quedando sin
los aliados que acompañaron en un principio su loca aventura y que –por si fuera
poco- su costo contribuyó al presente colapso económico mundial.
El repudio por igual, desde las comunidades sunitas y
chiítas, (donde sobresale el drama del desesperado periodista que lanzó un
zapato contra Bush), hasta el rechazo incluso del mismo gobierno títere que
convenció al US Army -y a mercenarios asociados- de la pertinencia de despedirse
de Bagdad, y viene a colación porque la clase política de México involucrada en
cuestiones de seguridad pretende ignorar esta lección de la historia.
Así se debate el Plan o Iniciativa Mérida cuando la
organización Human Rights Watch (HRW) destacó en su informe mundial anual de
2009 “los malos antecedentes en materia de derechos humanos de las fuerzas de
seguridad mexicanas” y la impunidad con la que operan.
HRW señala además que la Iniciativa Mérida sería “una
excelente oportunidad de mejorar la vigilancia en Derechos Humanos”, aunque en
realidad el informe ha dado base a las voces que cuestionan los dineros de tal
proyecto “asistencial”(de EEUU hacia México). Voces que crecen e influyen en la
administración del presidente Barack Obama, por lo que tuvo que llegar la
respuesta militar mexicana hace menos de una semana.
En esa forma, el director general de Derechos Humanos de la
Sedena, Jaime Antonio López Portillo, criticó el 24 de julio a los organismos
que han documentado los abusos de militares en la presente “guerra” anti-narco,
como es la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) entre otros.
Podría pensarse que el señor López Portillo es un
“ombudsman de paja” cuyo papel es defender a los victimarios, justificar las
violaciones u ocultar los excesos; eso es real, aunque no muy exacto…
Diríamos mejor que representa al Ejército en su lucha por
desenlodar su imagen luego de verse involucrado en funciones de policía. Este
mismo señor tuvo que informar que desde 2006 el fuero militar ha sentenciado a
12 subordinados y tiene en proceso a otros 52 por casos de lesa humanidad que
incluyen homicidio, tortura y secuestro.
Es más simple, el ombudsman de la Sedena (Secretaría de la
Defensa Nacional) solo creaba el clima previo a la visita del Zar antidrogas
estadounidense para que lleguen a su vez, pronto, los dineros del Plan Mérida “a
como de lugar”, obviando las violaciones cometidas por militares o la bravata
verdaderamente terrorígena de Kerlikowske lanzada esta semana al
equiparar a los narcos mexicanos con terroristas.
La gravedad de la declaración de Kerlikowske se suma a la
emitida por la secretaria del Departamento de Estado, Hillary Clinton, quien
declaró en mayo que había que “ir a matar” a los jefes de los cárteles mexicanos
“donde se encontraran”.
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